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Mi primer cuentacuentos

Foto de dos niñas alumnas del CAIDV Capital con sus bastones blancos. Mi nombre es Rafael Ernesto. Tengo 44 años y vivo en la ciudad de Caracas, Venezuela. Tengo discapacidad visual desde el año 2012. Actualmente estudio el sistema braille en el Centro de Atención Integral de Deficiencias Visuales (CAIDV) del Distrito Capital en Caracas.

Esta es la historia de mi primera experiencia como cuentacuentos.

El inicio

Y llegó el mes de Julio y finalizó el año escolar. En el CAIDV se organizó la fiesta de fin de curso para el Viernes 20 de Julio. Una semana antes Thairis Solórzano, mi profesora de Braille, me llamó para confirmar mi asistencia en la fiesta…

  • Hola Rafael.
  • Hola Thairis.
  • ¿Vas a venir a la fiesta el próximo Viernes?
  • Seguro. Estaré allí.
  • ¿Quieres hacer algo para ese día?
  • ¿Me hablas en serio? ¿Algo como qué?
  • Cualquier cosa que desees compartir con los alumnos y sus representantes.
  • Bueno, yo lo que podría es decir un cuento.
  • Vale, muy bien. Te anoto entonces en la programación. Trata de que sea un cuento corto.
  • Está bien Thairis. Nos vemos entonces.
  • Adiós Rafael.

Sin pretenderlo, de una manera espontánea, quedé en decir un cuento a niños con discapacidad visual, a una cantidad no determinada de personas, y contar un cuento del que no tenía la más remota idea de como sería.

Llegó el día Miércoles. No tenía aún una idea clara acerca de qué debía hacer para el Viernes. Entonces busqué en Google ‘cuentacuentos en Venezuela’ y encontré los datos del señor Armando Quintero de La Vaca Azul, a quien llamé por teléfono. Quedamos en reunirnos a las 10:00 AM en un parque residencial en Los Ruices.

Afortunadamente para mi el señor Armando estaba disponible antes de la presentación.

La Vaca Azul

El día jueves a las 10:00 AM me encontré con el señor Armando al frente de un kiosko muy cerca de la estación del metro de Los Cortijos en los Ruices. Mi madre me guió hasta ese lugar. Caminamos hasta un parque muy cerca, y entonces le comenté al señor Armando cuál era mi situación: que tenía el compromiso para contar un cuento a un grupo de niños con discapacidad visual y que yo mismo tenía discapacidad visual.

El señor Armando estaba fascinado. Él empezó a contarme su historia. Desde cómo se convirtió en profesor de Literatura en Uruguay, cómo salió al exilio desde su país natal, parte de su trayectoria como cuentacuentos en distintos lugares del mundo, así como su experiencia en talleres de formación de cuentacuentos. Yo también quedé fascinado.

Mientras conversamos, el señor Armando me pidió que le contara el cuento que tenía preparado. ¡Quedé sorprendido por esa petición y dí una excusa para no hacerlo! Él insistió y así me levanté y de memoria empecé a contar el cuento, consciente de que estaba cometiendo varios errores mientras lo hacía. El señor Armando me corrigió algunas de las fallas que había cometido y también me dio algunas recomendaciones, como si fuera mi asesor, de cómo hacer para contar un cuento a personas con discapacidad visual, aunque personalmente él no había contado ningún cuento aún ante tal auditorio. Me dí cuenta entonces de que ¡ambos estábamos ante una nueva experiencia ese día!

El señor Armando continuó contándome acerca de cómo se originó su seudónimo de la Vaca Azul al indicarme que era el nombre de una tasca en su tierra natal donde las personas se reunían para conversar, y la anécdota de un contrapunteo de cuentos con un gran cuentacuentos del Estado Lara, que luego de cinco horas de cuentos él culminó con la historia de la Vaca Azul que no conocía el mar, ¡Quien era el mismo señor Armando cuando niño la primera vez que conoció el mar por allá en Uruguay, tomando como nombre el del local cerca de su casa!

Finalizamos la reunión. Le pedí al señor Armando que me guiara hasta el kiosko en el que nos habíamos encontrado, con la sorpresa de que el jamás había guiado antes a una persona con discapacidad visual. Yo también quedé sorprendido con el significado y la importancia del cuentacuentos.

¡Una reunión espectacular!

En la tarde, ya de regreso en casa, recibí una llamada telefónica. Era Thairis llamando para confirmar mi asistencia. Le dije que si iría. Me preguntó si ya tenía preparada mi presentación para el día siguiente. Y le contesté ¡Por supuesto que si!

En la fiesta del CAIDV

En la noche del Jueves busqué videos en youtube de cuentacuentos para tener una idea de como desempeñarme al día siguiente. Tomé un tip que me gustó para realizar la introducción donde la cuentacuentos le preguntaba a los niños qué es lo que más les gustaba hacer y luego contaba acerca de los cuentos de la abuela en las noches de luna.

También encontré un cuentacuentos africano que contó un cuento muy corto y muy sencillo acerca del orden de las cosas, el cual tomé como mi primer cuento enfocado especialmente para niños.

Luego busqué el cuento que había contado el día anterior al señor Armando, La Furia y la Tristeza de Jorge Bucay, y lo escuché varias veces tratando de aprendérmelo. Mientras tanto se hizo media noche. Había que ir a dormir.

Al día siguiente en la mañana temprano ya estaba tratando de no pensar en lo que sucedería porque ya me sentía algo ansioso. Luego de desayunar me dieron la cola hasta el Parque del Oeste en Gato Negro. Como suele suceder en estos casos, nos perdimos entre las estrechas calles de Catia mientras buscábamos llegar a la Avenida Sucre. Finalmente lo logramos, solo que media hora después de la hora pautada. Mi madre me guió hasta el Museo Jacobo Borges dentro del Parque. Nos encontramos a alguien del CAIDV que nos acercó al museo donde estaba Thairis. Mi madre me dejó con ella y se retiró a hacer otras diligencias.

La presentación

Foto de Rafael E. González sobre el escenario durante su presentación en el acto del CAIDV Capital.
Rafael Ernesto durante su presentación.

Dentro de mi baja visión me di cuenta de que daban una visita al museo una gran cantidad de personas. Me reí nerviosamente y Thairis me preguntó de que me reía. Le dije que me reía de que pensaba que sería una presentación con pocas personas y ella me dijo que no era así, que allí estaban todos los integrantes del CAIDV, de los padres y representantes y de los niños y adolescentes que reciben clases en el CAIDV. ¡Me quedé sin palabras!

Luego de recorrer el museo entramos a un auditorio. Fui uno de los últimos en entrar y me dí cuenta de que estaba casi lleno porque ya no había puesto y tuve que ir a las filas de atrás. Estimo que no habían menos de sesenta personas entre representantes, niños y adolescentes en el auditorio. Aún dándome cuenta de todo esto no estaba nervioso, más bien me sentía sorprendido.

El evento comenzó con las palabras del profesor Gabriel Calderón en nombre del CAIDV dando inicio al acto de fin de curso, seguido de las palabras de un niño con discapacidad visual. En seguida una niña ciega recitó un poema, y luego ¡Me llamaron a mí!

El Cuentacuentos

Alguien del CAIDV me llevó a la tarima y me entregaron un micrófono. Afortunadamente sólo tenía algo de ansiedad, pero nada grave. El que llaman estrés del bueno. No podía ver a mi auditorio. Todos quienes hemos tenido que hacer una presentación sabemos que es vital poder mirar al auditorio porque así se determina el tipo de audiencia que se tiene. Mi baja visión no era suficiente para esto, pero creo que fue beneficioso en el sentido de que no me puse mas nervioso al no ver ante quien podía hacer el ridículo.

Para ponerme en confianza apliqué una animación que le había acabado de escuchar a Gabriel para animarme y al público también. Funcionó muy bien porque me permitió conocer ante qué tipo de auditorio estaba al frente. Había más adultos que niños en ese momento.

Empecé a decir la introducción que había preparado. Si alguien me dice que las cosas salen como han sido preparadas no ha hecho nunca una presentación. Improvisé con lo de mi abuela. Dije que en las noches ella les decía “Hakuna Matata”, e hice decir al público “Hakuna Matata” varias veces. No estoy seguro de cómo haya funcionado pues durante la preparación no pensé en eso.

Continué con el cuento africano El orden correcto de las cosas. Me movía a los lados de la tarima mientras hacía como serpiente y hablaba de un lado al otro. Creo que capté toda la atención del público. El cuento salió muy bien y el público hizo algunos aplausos.

Creo que cometí un error al preguntarle al público si quería que contara otro cuento pues ¡Escuché a varios decir que no! Así que me armé de valor y con la excusa de que había adultos dije que iba a decir el cuento de La Furia y la tristeza. Es un cuento mucho más elaborado, con muchas imágenes. Cometí algunos errores y me extendí más de la cuenta pero al final lo dije todo. El público parece que captó el mensaje. Me vinieron a buscar para bajarme de la tarima. La persona que me vino a buscar me dijo que todavía habían niños que tenían que hacer su presentación. Concluí con una reflexión de Antoine de Saint-Exupéry: "Sólo con el corazón se puede ver correctamente, lo esencial es invisible a los ojos". Dí las gracias, me incliné y de esta manera finalicé mi primera presentación de cuentacuentos.

Me fui a mi puesto sintiendo mucho remordimiento porque había utilizado una buena cantidad de tiempo durante mi presentación.

La recepción final

El Acto del CAIDV continuó. Una narración animada con sonido y efectos de sonido, niños con discapacidad tocando y bailando tambores, dos presentaciones de piano, varios niños, adolescentes y adultos cantando. Me fui relajando y emocionando aplaudiendo de más a quienes se presentaban. Me parecía que lo hacían muy bien a pesar de sus limitaciones. Una hermosa mañana de artes escénicas y musicales.

El acto terminó y nos dirigieron a la parte de atrás del museo donde habían dispuesto unas mesas y unas sillas para efectuar una pequeña recepción para el público. Quienes nos quedamos pudimos disfrutar de jugo de mango, tartas de chocolate, galletas, chocolate artesanal y algunos otros pasapalos.

Mientras disfrutaba de los pasapalos antes mencionados saludaba a las personas que tenía a mi alrededor y les preguntaba qué tal les había parecido mi presentación y me decían buenos comentarios en general. Le pregunté a la niña ciega que había recitado la poesía al inicio y me dijo que les había gustado y que habían entendido los cuentos. Eso me quitó cualquier impresión del ridículo que hubiese podido hacer. Una señora me preguntó que cuándo volvía a contar otro cuento, lo cual me halagó mucho. Cuando le pregunté a Thairis que tal le había parecido me dijo que muy bien excepto que me había extendido con el tiempo. Zharine, la directora del CAIDV me dijo que nunca me había visto sonreír y alegre desde que visitaba el centro. Eso me dio que pensar. En general recibí muy buenos comentarios de mi primera experiencia como cuentacuentos.

Conclusión

Cerca de la 1PM mi madre pasó a buscarme. Me despedí cordialmente de las personas que se encontraban allí y de algunos integrantes del CAIDV. Le reproché a mi madre que no hubiese visto mi primera presentación y que nos tuviéramos que ir tan rápido.

Estaba pasando, y pasé, un gran momento durante la visita al museo, el acto de fin de curso, el cuentacuentos y la recepción final. De verdad que fue un gran momento de alegría y satisfacción haber participado en esa actividad tan especial con personas tan especiales con discapacidad visual y el equipo de CAIDV.

¡Me sentí honrado y agradecido por la experiencia!


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